Volvemos a los tiempos en los que los tribunales marcan la pauta de la vida política de este país. Entre unos y otros, me da que, como haya otras elecciones, no va a ir a votar ni el tato.
Se las prometía muy felices el PSOE con el otoño judicial caliente para el Partido Popular. Bueno, pues la primera, en la frente: José Antonio Griñán, que fue presidente del partido, puede acabar en la cárcel por los falsos expedientes de regulación de empleo, el escándalo de los ERE.
Griñán puede acabar en la cárcel porque la fiscalía pide para él seis años de prisión. Y también ve la fiscalía partícipe de los presuntos delitos a Manuel Chaves. Aunque éste, en la consideración de la fiscalía sale algo mejor parado. Porque el ministerio público contra Chaves pide 10 años de inhabilitación. Y, teniendo que en cuenta que está ya achicharrado para ocupar cualquier cargo público, no parece que sea una petición muy dolosa para el ex Presidente andaluz.
6 años de cárcel y 10 de inhabilitación por un fraude, el de los ERE, multimillonario... Por si ya tenía pocos problemas el Partido Socialista, con los peores resultados (empeorados consecutivamente en las dos últimas elecciones) y en plena pelea interna. Una pelea ya no disimulada en la que los barones (a pesar de toda su experiencia) le están dando instrumentos de defensa a Pedro Sánchez, al que se quieren cargar.
Porque claro, en cuanto se confirmen los nefastos resultados que las encuestas auguran al PSOE en Galicia y el País Vasco... ¿Qué va a decir Pedro Sánchez (de segundo apellido "excusas") a su militancia (que, dicho sea de paso, es lo único que le queda)? Pues les va a decir que le han torpedeado hasta la campaña. Y que así es imposible ganar unas elecciones. Y que todo ha sido por tratar de impedir un gobierno de la derecha. Y que tal y que cual. Una mercancía que su militancia (no tanto sus votantes) pero esa mercancía su militancia se la compra.
Eso en el PSOE. En el PP la noticia sigue siendo la que avanzábamos aquí en COPE a eso de las cuatro y media de la tarde, cuando Expósito nos contaba que Rita Barberá dejaba el Partido Popular (en la que lo fue todo, desde alcaldesa de España hasta muleta de Rajoy) pero se quedaba con su escaño.
Una decisión un tanto rocambolesca que no deja bien parada a ninguna de las dos partes. Ni al PP, que no soluciona del todo el problema. Ni tampoco a ella, porque dilapida el patrimonio político que le quedaba tras una larga (y por momentos, brillante) carrera.
En fin, que esto ya ha empezado. Ha empezado a apestar. Por todas partes.
EDITORIAL. MEDIODÍA COPE 15 SEPTIEMBRE
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