En apenas 3 semanas de legislatura, el Partido Popular ya ha renunciado a una de sus leyes (supuestamente) estrella: la reforma de la educación (con cierto malestar para algunos de sus dirigentes, como se le notaba anoche al ex ministro Margallo con Colmenarejo, en La Linterna). El caso es que el PP ha renunciado a esa reforma; ha visto también cómo se quedaba sin socios para defender la reforma de la ley de Seguridad y ha perdido ya hasta 3 votaciones. En solo 3 semanas. A ver si vamos a pasar del rodillo de la mayoría absoluta al rodillo de la oposición.
Seguramente al Partido Popular, en lo inmediato, en el corto plazo, no le queda otra. No le queda otra por responsabilidad. Esta aguantando carros y carretas nada más empezar por responsabilidad. Por no convocar unas elecciones, que es ese tope, ese último filo que la cuerda que los partidos de la oposición tienen que pensarse mucho si quieren romper. Que va a ser que no...
Renunciando a la reforma educativa o dejando que le tumben la reforma de la ley de seguridad el Partido Popular salva el día a día (que, insisto, es lo más responsable). Pero tiene un coste: permite que quede un sustrato del PP como un partido carca, reaccionario, al que le tienen que cortar las alas porque, si no, le sale un tic autoritario. Eso queda como sustrato. Y eso no lo pagará Rajoy... Pero desde luego no ayuda a las siglas, a la "marca" que dicen ahora.
Ahora el objetivo es salvar los presupuestos. Y en eso están. Hoy Montoro (ahora le escuchamos) dice que quiere conseguir el respaldo del PSOE (al que lo que le conviene es votar en contra de los presupuestos, para que quede claro que son oposición y oposición dura). Ahora, vistas esta tres semanas de legislatura, lo que cabe preguntarse es cuánto está dispuesto a ceder Montoro.
Ahora escuchamos al ministro... Tenemos una última hora. Es del presidente electo de Estados Unidos... Donald Trump acaba de anunciar que va a dejar todos sus negocios para centrarse en la presidencia de los Estados Unidos.
Dejó escrito Adam Smith (Adam Smith, no Marx) que un empresario nunca podía ser presidente de una nación. Porque los empresarios lo que hacen (y lo que tienen que hacer) es ocuparse de sus negocios.
Pero Trump no lo hace, no deja sus empresas como una entrega en aras del bien público... Lo hace porque sabe que el conflicto de intereses que se puede crear con sus decisiones es su principal talón de Aquiles. Que ese conflicto de intereses le podría hacer salir sin honores de la Casa Blanca.
De hecho, el único catedrático que predijo la victoria de Trump, sostiene ahora que no acabará sus cuatro años de mandato, precisamente, por el conflicto de intereses entre la presidencia y sus empresas. Y el tipo no se ha equivocado en 30 años. Y, por lo visto, es el primero que ha asustado a Trump.
EDITORIAL MEDIODÍA COPE. 30 NOVIEMBRE
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