Como aquí -en el Congreso- ya
habíamos perdido (nosotros y ellos, los políticos) cualquier esperanza de que
se pusieran de acuerdo con los diferentes, la cosa quedaba reducida a ver quién
era (al menos) capaz de convencer a los propios.
Y ahí, la verdad, el único que ha
entusiasmado a los propios (visto que no va a sumar más ajenos) ha sido Mariano
Rajoy... Un Mariano Rajoy en su papel más socarrón, más ácido y con su mayor
retranca.
El resto no ha entusiasmado a los
suyos. Aunque en cada caso por diversos motivos.
En el caso de Pedro Sánchez (al que
algunos de sus diputados, como Madina o el ex Presidente castellanomanchego
Barreda apenas han aplaudido) se ha evidenciado el temor en su partido a pasar
como los culpables de ir a otras elecciones... Básicamente porque tampoco hoy
ha ofrecido Pedro Sánchez alternativa alguna. Es verdad que con el reglamento
en la mano hoy no era el momento de Sánchez en el debate... Pero es que ha
tenido ocho meses para decir qué quiere hacer (habida cuenta de que no puede
mantener s la vez su no a Rajoy, su no a liderar un gobierno con Podemos y los
independentistas y su no a las terceras elecciones).
Tampoco ha terminado de convencer a
los suyos Pablo Iglesias. En su caso porque no acaba de definir quiénes son los
suyos... Tras los intentos en la última campaña electoral por hacerse parecer
un socialdemócrata, hoy Pablo Iglesias ha vuelto al mensaje más radical, casi
en la lucha de clases, con el que irrumpió en la escena política.
Y Albert Rivera, aunque ha
construido un discurso bien puesto en escena y de un carácter muy programático
pues se ha encontrado con el hándicap de tener que prometer lo que parece
imposible: conseguir, como decía él mismo, que se pongan de acuerdo quienes casi
ni se hablan...
En algo sí han coincido los tres,
aunque ninguno lo haya dicho abiertamente: da la sensación de que los tres
proclamaban sus discursos mirando con el rabillo del ojo la posibilidad de unas
terceras elecciones... que hoy parecen más cerca.
Es más, Pedro Sánchez (que más que
una ceremonia de investidura parecía estar en una ceremonia de expiación de su
investidura fallida buscando el sacrifico de Rajoy en el altar del congreso) ha
roto cualquier puente de entendimiento. Con lo que parece que esa posibilidad
de unas terceras elecciones solo lo puede evitar el resultado de las elecciones
vascas...
Claro que,
para evitarlo, ese resultado tendría que ser medido casi con escuadra y
cartabón...
EDITORIAL, MEDIODÍA COPE. 31 Agosto
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